PANDEMIA: EL LADO OCULTO DEL LIBERALISMO
- CronotopiasGI

- 22 abr 2020
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Por Javier Ferreira

A propósito de la demencia colectiva apoderada del mundo de la economía y las bolsas de valores que, se refleja en desperadas medidas para controlar el mercado, el precio internacional de los hidrocarburos y directamente el sistema económico, social y político de sociedades que albergan la cuna del capitalismo como también sociedades emergentes, el filósofo coreano Byung-Chul Ha ha sentenciado: “la pandemia ha puesto en peligro el liberalismo occidental” desnudando la fragilidad del monstruo quimérico de la sociedad del consumo. Hasta hace unos meses ni el más optimista opositor de la sociedad del consumo y el capital hubiese imaginado que Goliat seria derrotado por David. Guardando las proporciones conceptuales el capitalismo emergió como un gigante, como superación a fases de producción en la sociedad occidental, y pese a que instauró desigualdades materiales que fragmentaron la sociedad y las relaciones humanas, en vez de desaparecer se transformó en el colosal Leviatán, determinador del mundo contemporáneo. Y no fue la intimidación de la guerra fría, ni la amenaza de una exterminación termonuclear, ni la seducción colectivista, ni la acentuación de economías solidarias de mercado la que daría en el talón de Aquiles del capitalismo, sino el más inusual y diminuto de los virus que sin pasaporte se desplaza allí donde el Leviatán ha hecho su morada. Las invenciones del hombre en el campo del conocimiento han sido inspiradas en la vieja máxima aristotélica de la Metafísica: “todos los hombres desean por naturaleza saber”, y no solo en el campo de la naturaleza, sino también en lo concerniente a las relaciones humanas, de allí que movido por relaciones de poder y necesidad la especie humana ha experimentado sistemas de poder basados en el dominio y autoridad, tanto de hombres y mujeres, formas de control social basados en sistema de cambio y trueque, dominación y explotación como la esclavitud, formas de sujeción relacionadas con la adaptación material de la propiedad, formas de intercambio y producción, hasta llegar al capitalismo. El liberalismo ha sido el gran hacedor de lo que conocemos hoy como capitalismo en todas sus denominaciones. Pese a que puede ser etiquetado como ideología política dependiente de algún eslogan, o momento histórico, este guarda un nexo dependiente con los principios de John Locke por la defensa de la libertad individual, la limitación del estado y la primacía de derechos y libertades civiles como: la libre locomoción, libertad religiosa, elevando a rango de derecho fundamental la propiedad privada. Así mismo, con la desiderata elaborada por Friedrich Hayeck, cuando afirma que el liberalismo es el camino opuesto a la servidumbre y a la economofobia, en donde la planificación es la salida errática del liberalismo. No obstante, la torre de Babel ha colapsado. La impronta del mundo occidental que marcó el Renacimiento y el mundo moderno se hace trizas. Allí donde se edificaron los cimientos del humanismo se adhirió el liberalismo. Atónitos en medio de un sonambulismo social, presos de la cotidianidad, la humanidad ha aceptado y legitimado en sus prácticas el dominio del capitalismo y con ello, la aceptación en silencio, cómplice de crecientes e irreconciliables desigualdades sociales. Generación tras generación luchan por mantener o acceder a estatutos sociales. El capitalismo hizo de la caverna de Platón la más burda descripción de nuestra vida social. Encadenados mentalmente descansamos en medio de la aberrante alienación social que sentencia toda realidad y futuro. La pandemia ha despertado a la humanidad y con ella las grietas que parecen venir bajo el pedestal del hombre económico. Se desmorona sin control siglos de legitimación discursiva sobre la esfera privada y la libertad individual, sobre la propiedad privada, sobre el rol del Estado y constitución liberal. El virus ha mostrado el rostro del humano como especie y no como discurso utópico vacío. Como especie que quiere sobrevivir, bajo supuestos más elementales como la alimentación, la seguridad, la salubridad como garantía vital. Categorías como comunidad, asistencia social, mínimo vital se imponen sobre cualquier planeación. Pero, también el control, el aislamiento y la suspensión del contacto personal. Esta crisis puede dar lugar a fenómenos totalitarios nunca antes vistos bajo el manto del discurso de la protección social. La pandemia ha devuelto el control y la concentración del poder en minorías dominantes, pero ahora a diferencia de otros tiempos la opinión pública no está en las calles, y no tiene acceso ni cobertura digital. El temor y el aislamiento han amordazado la crítica y pretende eliminar el único escenario que alcanzamos con la modernidad el “Sapere Aude”. Pensemos cuánto le llevo a la civilización occidental construir la ilustración y cuanto nos costará a nosotros reescribir nuestra humanidad. Resistencia.
Referencias: Aristóteles (2014). La metafísica. Madrid: Alianza Byung-Chul Ha (2020). La pandemia y el regreso a la sociedad disciplinaria. Consultado en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200403/48287439354/la-pandemia-y-el-regreso-a-la-sociedad-disciplinaria.html Kant, I. (2014). Qué es la ilustración. Madrid: Gredos Hayeck, F. (2005). Camino a la servidumbre. Madrid: Alianza Locke, J. (1994). Segundo tratado del gobierno civil. Madrid: Alianza




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